Dia tranqui en el becariato, tio.
El lio que me consume, el programa de mañana, me ha tenido ocupado todo el día. Que si cortes, que si llamadas, que si producción y que si leerse el libro del invitado (240 páginas) en un día. Y en esas andamos.
Se me van ocurriendo cositas y las voy añadiendo. Va quedando bien y creo que al final todo dependerá de los putos nervios. De esas cosas que yo no gasto en nada menos en esto. El trabajo está hecho, la gente ha trabajado bien aunque siempre andemos en el último momento, pero creo que es un gaje de la profesión que queremos tener.
Por eso, lo que digo, que un día tranquilo en lo becarial y ajetreado en lo demás.
Y luego, como siempre, está el factor externo. Ese factor es mi ausencia de voz. Estoy jodido y no tengo la voz que debería tener (la de un querubín rubio y castrado de unos 12 años).
Tirando mis principios a la basura he recurrido a las drogas. En primer lugar acudí al dealer habitual para las dolencias bucales y luego ya, a última hora, entré en una farmacia con las orejas gachas y, al no acordarme de lo que me daba mi camello (porque camella no vale, ¿no?), pedí bucometasana. Y de la fiebre y las tiritonas ni hablamos: ¡¡gripeeeeeeeeeeee!!
Ahora, armado con una pastilla, cual bakalaero loco, me enfrento al guión.
Que sea lo que San Bobby Deglané quiera.
Hace 9 años

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