No me da la vida pa´ más.
Me pido un picnic en el restaurante, ceno rápido, veo mi nueva (y flamante) lavadora y, en un ratejo, me enfrentaré a las instrucciones e intentaré arreglar el cisco que me montó la otra lavadora, la mala.
Pienso en el día y veo que mis predicciones se cumplen. No en todos los aspectos, pero se cumplen. Ayer escribía que hoy hablaría menos que ayer. Clavaico.
Día mustio mustio. El cansancio y la humedad reinantes en mi chabola hacen que mi cuerpo se resienta. "Estas mayor", me diría la mi Saritisima. Vive dios, le diría yo. Pero oyes, como un chaval.
El caso es que no ha habido para mucho y tengo la cabeza en diversos frentes. Uno, el repor de marras que no acabo con él. Dos, las relaciones sociales en general y su aplicación práctica a la vida real. No entiendo a mucha gente y a otra mucha me gustaría entenderla más. ¿Me explico?
No, claro que no, pero de eso se trata.
Tengo una sonrisica en el horizonte que me hace gracia y me desconcierta.
Y luego está la lavadora.
Hace 9 años

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