14 de diciembre de 2008

Domingo de reflexión...

Domingo. Tele, mantica y Anthony and the Johnsons tocándome la fibra. Y así estamos. Acá en Madrid, los domingos han terminado por ser días de reflexión y sofing. Antes, en provincias, uno se entretenía en el último día de la semana pidiendo clemencia a su resaca, dialogando intimamente con el estómago y jurando al viento que "la penúltima" te la jugó. Entre la falta de solvencia económica y el exceso de sentido común he terminado por salir sólo un día. Triste de mi. Pobrito, que dirían mis antepasados. Y yo, juerguista de alma fina, siento que me quedan ganas de fiesta y que aún hay muchos círculos sin cerrar. El último día que hablé con la noche acabé ejecutando (en el sentido militar de la palabra) una de esas canciones que hacen creer en la humanidad. Es más que probable que el pasado viernes un tal John Lennon se haya revuelto en su tumba. Se siente, John. Se siente. Aún con eso, la noche tuvo los condimentos alcoholicos y de compañía necesarios para recordarla durante long long time ago. Hubo charla bonita y entrañable, cerveza china y copas a 9 euros. Hubo desamor, risas y tropezones etílicos. Hubo charlas bonitas y tristes sobre la imposibilidad de lo imposible, sobre lo complicado que es querer lo que no se debe querer, lo que significa un abrazo y lo que cuestan las decisiones. Hubo, al final, churros y porras, una cama acogedora y un sueño sobre el futuro. Y después... el lunes...

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