Pensaba uno en escribir pero se dio cuenta de que ya estaba escrito.
En realidad fue Google, “él”, quien destrozó mis ilusiones de perpetrar un texto que ya tenía en la cabeza. Por que “Google”, él, destroza muchas ilusiones al cabo del día. Revienta pasiones. Destroza el ánimo. Es como el amor, en blanco y simple.
Y habrá quien diga: “¿Y sus ventajas?”, como esa señora del fondo. Y sí, señora, sí, las tiene. Muchas. Y más de una y más de dos. Pero a mi me ha jodido un texto. Porque yo, hace unos años, ponle 10, si hubiera querido escribir un texto sobre “Michael Blomqvist” y la crisis, además de ser un visionario, hubiera hecho algo curioso. Mejor o peor, pero mio. Ahora, cuando mi (relativa) creatividad se desborda y me da por buscar alguna cosilla en “Google” veo que ya lo ha escrito alguien. Carlos Salas, para ser exactos. Porque para ser justos habría que decir que él lo escribió en enero del 2009, y a mi se me ha ocurrido hoy. Eso, como es lógico, dice mucho de Carlos Salas. Del resto, es mejor no hablar, más que otra cosa porque ya lo habrá hablado alguien. Ya sea en el “Google” como en la tierra.

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